No sé nada de Ruth: V. UN FALSO BESO



A Joanna, donde quiera que estés.


Mi tablón era excesivo, habíamos bebido la nada desdeñable suma de un arca de lúpulos, no concibo como Iker era tan diestro en conducir en atroces circunstancias. Temí por nuestra integridad en más de una curva, pero San Baco, insigne Patrón de los azorados, veló por nosotros alcanzando ilesos El Pireo, un titánico chalet situado en un margen de la carretera nacional A Coruña- Betanzos, nuestro oscuro punto de destino.
En uno de los laterales de la casa se podía observar un letrero resplandeciente que abrigaba casi la totalidad de la muralla. En el Neón suspendido, además del título que identificaba el local, una chica eléctrica liviana de ajuar advertía a los peregrinos que por una cantidad tratada podría complacerse de compañía femenina. Pude fijarme asimismo que, en la puerta principal, montaba guardia un individuo de edad indefinida aposentado en una silla, mientras susurraba a la Luna tarareandole canciones que escuchaba por el viejo radio-casette postrado a sus pies, sin duda, el cancerbero del lupanar. Nos dispusimos a matricularnos, acercándonos remisamente a ese tipo de lapso incierto que cuando lo tuvimos a uno o dos metros, sonrió y se puso a departir con mi amigo ebrio.

- ¡Hola chaval!, ¿Como te trata la vida?
- Bien Pepe, no me puedo quejar.
- Pues nada Largo, que siga así.
- Oye, ¿han venido las chicas?
- Sí, chaval, sí, je, je…

En el interior había decenas de meretrices que se multiplican por todas partes o al menos eso me parecía, tan nervioso y temeroso que incluso los efectos del alcohol parecían haber remitido en aquellos momentos de incertidumbre. En la barra pude ver a un añejo protervo que simultáneamente se veía impotente de detener la saliva en el interior de la boca, magreaba a una mulata estrujando fuertemente con sus poderosas maños el trasero de la chica. Entre ensalivo e insalivo le decía enséñame un poquito más, solo un poquito más, mientras con lascivia, atendía al instigador y dadivoso escote que lucia la morena. Al fondo, más Minas, toda una hilera de piernas variopintas distribuidas expectantes a que un desconocido que las llevase a uno de los reservados, aguardando asiduos evidentemente. Un par de esos perniles se levantaron y al instante, otro par, dando la sensación que a cada paso, se acercaban peligrosamente hacia nosotros, lo que hizo medrar si cabe mi inquietud. No era, por otra parte, un andar atropellado, mas bien un trote cochinero el que imponían las dos mujeres a su paso, más que nada desoxigenado y esa parsimonia dilató mi grado de enervación, moría por dentro, el miedo pintaba las paredes de mi estomago y deseé no haber entrado jamás, aunque una buena parte de mi, El Lobo, aguardaba impaciente por encontrarse con esas reinas de la noche.

- ¿Qué tal Iker? ¿Quién es tu amigo? Pregunto una de ellas al Largo.
- Se llama Christian, y ya te he hablado de él.- Significó Iker.
- ¿Así que tu eres Christian? - Me preguntó la chica.
- Si, ¿Y tú como te llamas? - Traté de mostrarme seguro.
- Salomé y mi amiga es Mar.
- Encantado de conoceros.

Salomé tendría unos treinta años, aunque era delicado precisarlo, ese tipo de vida a la fuerza avejenta a pasos agigantados y puede que solo por pocos años sobrepasase el cuarto de siglo. Mediría un metro setenta y sus hechuras, rememoraban un glorioso pasado de irresistible Lolita. Tenia una rostro hermoso, adornado por una bella sonrisa que provocaba un profundo deseo de besarla cuando decidía mostrarla, voy más lejos, de abrazarla, acariciarla, de mimarla. Extrañamente no la deseé. Mar por su parte, era más lozana, aproximadamente de mi edad, una tierna edad. Al contrario que Salomé, lucía una larga melena negra y sus rasgos sin embargo eran mas duros que los de la trigueña, no alcanzaba ni por asomo esos cánones nórdicos de belleza, que por definirlos de algún modo, era asimilables a un prototipo Ellen Barkin, esto es, más atractiva que agraciada. La deseé y eso me agradó, desde que Ruth y yo habíamos roto no recordaba haber ansiado a ninguna otra fémina. Luché por evitar acordarme de la maldita Rubia que me había robado el corazón.


- Me ha dicho lker que estudias Periodismo ¿no es así? - Se interesó Mar, sin duda apercibida de que no le quitaba ojo-
- Si, Periodismo, Periodismo…
- Me gustaría leer algo tuyo algún día.
- Bueno, si quieres te traigo algo cualquier otra noche.-Imbécil de mi, ¿Qué demonios pasaría por mi cabeza? ¿Traerle algún escrito y que ella se sentase en una mesa a leerlo? Debí parecerle un idiota redomado.
- Sí, me gustaría ver como lo haces. – Respondió con media sonrisa echándome a temblar de pánico al escuchar esa respuesta tan ambigua, ¿Qué querría decir con eso de como lo haces? Esquivé al sonrojo y guié la conversación hacia otros derroteros.
- ¿Y qué, llevas mucho tiempo en La Coruña?
- Tres meses.
- ¿Te gusta?
- Mira, cuando llevas tanto tiempo en esto ni te fijas en la ciudad que estás, un día en Madrid y otro en Valencia, nunca paso demasiado tiempo en un mismo sitio. La verdad es que ni me he fijado.

Iker nos entorpeció para hacernos participes de que él y Salomé se marchaban. Mi sorprendente amigo iba a gozar de los servicios de la musa de Nabokov gratuitamente. Me impresionó, a saber cuanto tiempo llevaba embutido en ese submundo como para acostarse con una de sus emperatrices sin pagar un duro.
Me quedé a solas con Mar, que no dejaba de observar mis ojos con insistencia, como si de ellos pudiera extraer los secretos mas recónditamente albergados en el interior de mi alma. Yo hablaba y hablaba, buscando distraer su atención para que no me formulara esa pregunta a la que me vería obligado a contestar que no, no por algún tipo de prejuicio, porque me resultaba imposible mantener relaciones con alguien que no conocía de nada. Estuve un buen rato fabulando, hasta que pareció hartarse de dar oídos a mis peroratas y se despidió excusándose con la entrada de nuevos clientes en el local, si bien incitándome a volver a verla. Besó mi mejilla, y se desvaneció entre las sombras de la parte ulterior. Al disiparse, tuve la sensación cierta de que volveríamos a encontrarnos.

Me quedé absorto en mis pensamientos, tratando de asimilar los hallazgos en apenas un instante, lo cual no resultó sencillo, pero aquellos minutos de retiro me resultaron muy relevantes para recapacitar, ya que por aquel entonces mi vida estaba mudando a una velocidad vertiginosa: Solo unos meses antes, desgarrado, tonteando con la locura, incapaz de encajar una vida sin Ruth y ahora, me encontraba entablando amistad nada menos que con una prostituta. Sonreí, no estaba después de todo mal, en los últimos tres años apenas nada especial me había sucedido, nada pudo ocurrir, solo había vivido para hacer feliz a una persona, dejando entre renglones mi propia placidez que, a fin de cuentas, era lo que realmente debería haber importado, a juzgar por lo sucedido. Si esa maldita bruja hubiese puesto un poco de su parte tal vez no hubiera encontrado cobijo en la mediocridad y el aburrimiento, ni tampoco hubiera deseado continuamente que los fines de semana fuesen lo más breve posible.

¿Como iba a sucederme algo especial?, en esos aciagos años me alejé de mis actividades preferidas, las conversaciones existenciales o los agitados debates socio- políticos con otras mentes afines. Durante ciento cincuenta semanas tuve que soportar tediosas tertulias sobre formas de comportamiento de otros individuos, a los que en su mayor parte no tenía el infortunio de conocer, charlas ripiosas sobre otras vidas que cometían el delito de no respirar como Ruth y por lo tanto, condenadas fieramente por el pecado de la disensión. Nunca nadie ha sido tan cruel a la hora de juzgar y sentenciar a sus semejantes, estoy seguro, créanme, sus botas militares no simbolizaban independencia y personalidad, sino represión e intolerancia. La Rubia pese a ser excepcionalmente inteligente, poseía un talento inmoral, el saberse diferente no le llevaba a ser humilde a la hora del trato con los demás, todo lo contrario, a suponer a la mayor parte de las personas como necios ignominiosos que merecían morir por cometer el delito de la inopia. Durante esos tres largos siglos (¡!), intenté democratizar sus inclinaciones, ya que me consideraba su igual, pero solo pude lograr un golpe de estado a mi corazón. ¿Que por que seguí con ella? Simple y llanamente porque la quería, la quería pese a todo, pese a que sus besos o buenas palabras hacia mi eran casuales, a que no me prestaba la menor atención, a que siempre supe que no me quería, porque no siempre fue así…Al principio, en el albor de nuestra relación, profesaba admiración hacia mi ser, me colmaba de cariño, comprensión, pero poco duró El tiempo de la felicidad, La Rubia era una pésima actriz y raudo se hartó de interpretar el papel de buena chica, no tardó en salir a la luz su malvada y cruel esencia… Sus feroces agresiones me fueron sumiendo en un agudo hundimiento, me avergüenza reconocer que aún así me solazaba permaneciendo a su lado, solo eso me hacía sentir bien y por ello, la mimaba desesperadamente para rescatar su cariño, llegando incluso a culpabilizarme de disputas intencionadamente provocadas por ella, con el loable objetivo de evitar que se prologasen más de lo necesario... El mundo seguía girando y cambiando, pero yo no estaba ya en él, como iba a sucederme algo especial…

El Largo bajo del reservado. Traía mala cara, esa media sonrisa que exhibía para mostrar contrariedad o frustración por algo. Cuando se planto ante mi, comprobé que los suposiciones eran exactas, su mal humor había sido inducido por un inoportuno gatillazo. Me eche a reir y terminé por contagiarlo, eso nos puede pasar a todos. Abandonamos el Pireo y nos dispusimos a volver a casa, la noche ya no nos daría mas de lo que ya nos había otorgado.

No sé nada de Ruth: IV. IKER O LA FUERZA DEL DESTINO




A esa "banda de Blues": "Gato", "Fandí", "Valle "Angelito", "Miki”, Marta, Nuria y Cristina, especialmente al que suelo cantar en su compañía los amaneceres de Martes y Domingos.


Sin apenas cerciorarme, el almanaque advirtió la llegada del desconsolado y pavoroso Noviembre. El primer día de este lapso solemniza la festividad de todos los interfectos y el aparato productivo español se interrumpe para que todos los trabajadores puedan acudir a los camposantos con ofrendas florales a sus difuntos, como si éstos fuesen los vencedores de un gran premio de Montmeló. Asimismo, las augustas encuentran un pretexto para dar el coñazo a sus naturales, perpetuándoles el convenio de acudir a la casa del señor en fecha tan timbrada, con el objeto de rememorar a los ausentes, como si no acaeciesen momentos a lo largo del año para rendirles consideración.
Pero también es un día próspero para minoristas y mayoristas del ramo de la floristería. A lo largo de la alborada del uno de Noviembre sacuden de serrín las faltriqueras de los visitantes de San amaro y Feáns, los cementerios de mi localidad natal, pero que quieren que les diga, todos tenemos derecho a ganarnos el pan de manera más o menos decorosa. Así pues, como digo, el mentado uno de Noviembre es un día en el que la mayor parte de los conurbanos se encuentran dichosos, ora porque no se atarean, ora porque lo hacen y los que ya no forjan, encuentran con que agradarse, simplemente tétrico, como el día de autos.
Por mi parte, como todos y cada uno de los primeros de Noviembre, me encontraba obligado a participar en tan malsano ritual y si ello no fuese asaz expiación, a hacer parada en la hacienda del hermano de mi padre, un reaccionario de los de la vieja guardia que, pese a no alcanzar en aquella época edad precisa para ello, cada año en esos vencimientos nos invita a comer en su morada, una réplica bochornosa del Palacio del Pardo.
Nicolás, así se llama el haragán, es un pulcro desastrado, un inculto, y sobre todo, el idiota mas conseguido por un tío con un gran gracejo como es ese tal Dios, al que no he tenido el gusto de conocer y que a menudo, materializa entes inauditos como mi tío, aunque pese a todo debo reconocer que Somebody up there likes me. Ese año que tan mal estaba acabando no fue una excepción. Tras visitar a nuestros muertos, en compañía de mi familia más próxima, acudimos alumbrados de arrebato a casa de Tito Nico. No fuimos escrupulosos a la cita porque mi madre se solazó en una pastelería de Zalaeta a comprar unos deliciosos huesos de difuntos, para agradar con el presente al tío Nicolás y a su deficiente consorte, Marisa, a la que debió encontrar en algún desbarate o lupanar de parada de camioneros, ya que hasta hacía bien poco no se le había conocido dueña alguna y el viejo por aquel entonces golpeaba vigorosamente la puerta de los cincuenta. En el hall nos esperaba el hermano de mi padre - así me gusta referirme a él para incidir en que los lazos parentales son meramente azarosos - y por los movimientos de su bigote, adiviné que se mostraba iracundo por nuestra dilación . Que se joda - pensé. -

Una vez el interior del inmueble, pude observar que un nuevo componente había pasado a formar parte de la decoración del largo túnel que da acceso a la parte principal de la casa. En la pared, junto a la ciclópea gaya española denigrada por el grajo, un inmenso retrato del glorioso caudillo don Francisco Franco se erigía eclipsando los recuerdos de la campaña de Marruecos en la que no tuvo el honor de participar. Contuve, como buenamente pude, mis deseos de reir y medio monje, medio soldado, acudí febril al comedor, donde mi putativa tía aguardaba impaciente.

- ¡Christian, que alto estás!- observó a mi encuentro-
• Ya. Los anos pasan para todos.- respondí cortésmente reprimiendo mis deseos de emular al otrora respetado Rey del Pollo Frito, mostrándole mis partes intimas para hacerle ver que hacia ya unos cuantos añitos había dejado de crecer.
- ¿Y que, te has confirmado ya?- Lo que faltaba-
- No. Lo haré en cuanto me case, así mato dos pájaros de un tiro.- Mi respuesta no fue menos ocurrida que la precedente, en realidad esquivé la primera discusión de la gala obviando darle constancia de mis consideraciones acerca de la materia religiosa, sobre las cuales opinamos diametralmente distinto, digámoslo así.
-¡Ah, muy bien!- Fue entonces cuando mi oportuna hermana Sandra para su desgracia, entró en la habitación reabriéndose el proceso de Nüremberg con ella como imputada, pasando a convertirse en la que mas padeció en sus carnes la hostilidad de nuestra tía Marisa, putativa, incido. El interrogatorio a su fin cuando mis padres y el tío Nico pusieron fin a su comediante ceremonial, disponiéndonos a almorzar.

Presidió la mesa, como no, El Majadero, un individuo repolludo que recuerda al peor Hugo Tonazzi, cuyo bigote insinúa unirse en cualquier momento con los pelos del ombligo, dada su diminuta talla. El hecho de ocupar la cabecera no se trataba de un hecho bizantino y aislado para La Morsa, suponía la legalización de su liderazgo dentro de la familia tras el fallecimiento de los abuelos. El Mierdas era el primogénito heredero de la gloriosa ralea de los Souto, fervientes y devotos católicos, acarreadores del pendón de una Grande y Libre, como digo, un sujeto enternecedor capaz en gran medida, de inspirar lástima.
Tras la oración de rigor, dimos buena cuenta de las centollas- No se le puede negar al Tarugo que es muy dadivoso con nosotros, en su casa jamás he catado la tortilla de patatas, no sé si lo hace por jactancia o no, pero la verdad es que no me importa lo más mínimo.-. Sin mediar palabra durante el banquete, alcanzamos el postre sin lamentar la ausencia de un cadáver y la experiencia me advirtió que llegados a este extremo, la cosa se pondría interesante, El Mendrugo, cuando no tiene algo en las muelas, deja volar su ilimitada imaginación hasta articular cualquier clase de sandez de dimensiones inconcebibles. No defraudó a su entregado público.

- Veréis el otro día estuve reflexionando… A ver que os parece. El Caudillo forma parte de la historia, ¿no es cierto?- Asentimos todos con la cabeza- Y la historia debe de conocerse, ¿no?-repetimos aspaviento- Pues entonces, digo yo que deberían poner una estatua suya en las ciudades para que siempre se sepa quien fue. — Inaudito, El Percebe se superaba cada nuevo encuentro, no daba crédito a tal afirmación. Tuve que reprimirme para no aplaudirle sarcásticamente, no fuese que el muy asno se lo tomase en serio. Mi padre sí que no pudo contenerse:
- Nico, eres mi hermano y sabes que te quiero, pero cada día eres más gilipollas- Los párpados de mi tío se abrieron de tal forma que parecía que sus ojos saldrían de sus orbitas. — Sí -Prosiguió mi patriarca - Pero hombre, ¡En que cabeza caben esas elucubraciones!, Entonces tendrían que hacer lo mismo en Alemania con Hitler…
- No es lo mismo.
- No jodas Nico.- El silencio se hizo con en el habitáculo un buen rato, sin que ninguno de los contendientes se decidiese a romper la tácita tregua, el resto, tensos y sin menearnos a la espera que uno de los dos arrojase algún objeto al rostro del otro, pero como casi siempre, nada sucedió, entendí que la sangre los vinculaba de tal manera que ninguno osaría romper la baraja.

Roto el mutismo, se pusieron a discutir como se llamaba no sé que calle hace cientos de años, a la vez que mi madre y Marisa rebatían sobre donde es más económico comprar zahones y calcitas y mis hermanas leían el Hola! para enterarse de si Brad Pitt se había ido efectivamente de copas junto a Bart Simpson. Por mi parte, proseguía la lectura de Diario de un Jubilado, que había traido conmigo al festín, un Delibes iniciado unos cuantos días antes, idóneo para matar las horas hasta que las agujas del reloj alertasen de que nuestra marcha estaba justificada. Llegado ese ansiado momento sin preámbulos ni ceremoniales, pusimos las alforjas al caballo para abandonar ese ridículo templo fascista.

Al llegar a casa, comprobé que el contestador encerraba un mensaje de mi amigo Iker conminándome a tomar unas cañas en el Villa a eso de las ocho y media. Tomé una ducha rápida y salí a su encuentro.

La Taberna de la Villa no desmerece en nada a cualquier porqueriza, salvo en menudencias como el aroma, en lugar de a restos orgánicos, ventea a vinagracho. Lolo, el alguacil, un auténtico Adonis cuyo apéndice nasal rivaliza con la del ineludible por mítico Pinocho, tal vez tan magnifico por la incalculable cantidad de bulos que cuenta, en el fondo resulta ser un tipo entrañable, incluso hoy día que no recuerda el nombre de sus clientes históricos como el del que les relata este infame cuento: Korsakoff según las malas lenguas, fruto de sus desmedidos baños en éter. Pero no siendo su nariz su rasgo más destacable, habría que resaltar la propina que pende de su abdomen, provocándole dificultades en la rotula de ambas rodillas, debido a los constantes impactos de la demoledora sobre las articulaciones al caminar. A veces Blanca, su consorte, le echa una mano en el negocio y otra en la caja. Él atiende barra y mesas mientras ella se hurga en la nariz y apoya sus generosos pechos en el mostrador, con ánimo cuidadosamente mercantil. Al fondo de la barra de la Amacordiana Madam, sin ningún tipo de avío con el que preservar de los gérmenes a los alimentos, podemos encontrarnos con escudillas de chipirones de anteayer, queso del país que hiede a Cabrales, aceitunas negras otrora verde-Uster y una gran variedad de platos exóticos cuyo contenido no acierto a recordar, pero de indudable aspecto intensamente repulsivo... El Villa es, en definitiva, un anacronismo en la era Internet, un vapor que se disipara en el aire una vez destapado el frasco que contiene el secreto de las reloj y allí me encontraba yo, en el mismísimo purgatorio terrenal aposentado en una silla acolchada que había conocido tiempos mejores, a juzgar por lo manida y trillada que estaba, experimentando un creciente dolor de coxis al coincidir esa parte de mi cuerpo con la viga que dejaba al descubierto uno de los innumerables rotos, e lker, aún no se había presentado el muy obsceno. Al menos me quedaban los voluminosos senos de la Blanca, la vicetiple.

Pedí una cerveza con la firme sensación de merecerla, el haber estado más de cinco minutos en casa de mi tío justifica cualquier clase de recompensa, y aunque minúscula, lo suficiente sazonada para olvidar el mal trago. Eso es, he aquí la clave de la subsistencia, las pequeñas cosas, El frenético ritmo de la sociedad actual es un claro obstáculo para apreciar un buen trozo de queso manchego, una partida de tute con unos buenos amigos, o incluso, estar tumbado en un sofá sufriendo flatulencias mentales provocadas por alguna serie B prorrumpida por los canales de televisión. La juventud carece de paciencia, quiere alcanzar la máxima felicidad en el mínimo tiempo posible, el ya de por si vago término felicidad, ha experimentado una serie de mutaciones fruto de esta precipitación generacional, hasta involucrarse con el hedonismo. Ya nadie quiere a nadie, solo se quiere algo de alguien. Ya no existen reyertas, causas por las que perder la vida, no hay vida sin libertad. No existen impulsos para el agrupamiento, la ecología o las guerras exteriores no oscurecen el nivel de vida de los ciudadanos españoles, ¿para qué recapacitar sobre cuestiones importantes, si vivimos de puta madre? Los jóvenes se encuentran a años luz de aquellos de Mayo del 68, y posiblemente jamás se acercaran ya. No existen motivos para agruparse insisto, tampoco individuos que lideren a las masas en la búsqueda de la consecución de objetivos, no hay Jesucristos, Luther kings o Ghandis, solo lerdos intelectualoides que se refugian bajo el broquel demócrata para ironizar sobre asuntos menores que solo ponen en tela de juicio la seguridad del sistema legal o la moralidad de los poderes políticos. Cuando parece que no existen motivos para agruparse, el ser humano se convierte en el animal más pervertido e indecente de La Creación, preocupado únicamente en mantener una alta calidad de vida y de satisfacer la libido, puesto que el amor se ha convertido en un concepto tan confuso e inepto como el de eternidad. —Tal vez por ello no exista el amor eterno -. Solo nos queda aguardar por una muerte cuya coquetería hace que tarde cada vez mas en sorprendernos, la economía del bienestar ha alargado la esperanza de vida para que dure más la vida sin esperanza y con el devenir del tiempo, siquiera nos quedara Paris.

La Especial me supo a poco. El proceso de transición desde el envase hasta mi estomago fue un visto y no visto, Esto tiene fácil arreglo -pensé- Me levanté a reponer existencias, y fue entonces cuando Antonio y Luz visitaron el bar sin que los aguardase.

- Hola chicos- Les saludé con comedido entusiasmo.
- ¡Hombre Christian, que desmejorado estas!- Afirmó la escultural Luz al observar mi latente languidez.-
— Chica, la mala vida.
- Pues tienes que cuidarte, si no…
- Venga, sentémonos por favor, estoy esperando a lker, aunque ya empieza a retrasarse demasiado.
- Que has quedado con lker, muchacho?- pregunto extrañado Antonio —
- Si., ¿Por qué?
- Por nada, por nada! —El disfraz de Antonio al saber que me había citado con lker me dejo un tanto desconcertado, ¿que tenía de extraño que lker y yo nos tomásemos unas cervezas juntos? En todo caso no le concedí la mayor importancia, Antonio y Luz llevan su vida por el catón, esto es, por una línea rígida y recta por la cual caminan sin desviación. Deduje que, conociendo a Iker, éste les habría vomitado una de sus terribles disquisiciones escandalizándolos por apartarse tanto de los sagrados principios de la parejita.


Al poco rato Iker se persono en el Villa. Llevaba puestas unas gafas de sol oscuras, a juego con el resto de su indumentaria, desde que no lo veía, sus patillas se habían poblado de tal forma que daban vida a unos inexistentes mofletes y su delgadez, lejos de mermarse, se había acentuado. Su aspecto, en definitiva, recordaba al Lou Reed más decadente de todas las épocas, su imagen era la de un rockero consumido por la intensidad de su frenética vida, y por la disconformidad a establecerse según unos principios tan obsoletos como absurdos. Al vernos, guiñó su ojo derecho a la vez que Blanca destapaba la botella de cerveza que había demandado a su llegada. La recogió, y se sentó a mi izquierda.
El Largo se había transformado en una versión desahuciada de mi mismo. Al igual que yo, llevaba un lobo dentro que dictaba que sus actos se rigiesen por un difícilmente explicable equilibrio dentro del caos. Un colgante en forma de bala adomaba su cuello, explicaba que era para ahuyentar lo peor de si mismo, lo que sin duda se trataba de un el reflejo de una personalidad enigmática y nada diáfana, de una vida errante y bohemia, incapaz de encontrar su sitio en este mundo. Iker era la revolución continua, cualquier cosa que estuviese sometida a unas leyes de actuación le permitía descolgarse entablando una crudelísima guerra dialéctica con quien osaba sustentarla. Era un idealista, de los pocos que quedaban, además, mi gran amigo.
Nos conocimos en el Colegio, si bien nuestro trato no alcanzo su mayor profundidad hasta próximos a salir de él, cuando junto a Roberto, la Literatura invadió nuestras vidas, empapándonos de toda su magnitud y combinándose con un poco de Filosofía e Historia, transformó nuestras almas de forma que una vez humedecidos de conocimiento, nada nos pareció ser lo que había sido hasta entonces. Fue una época en la que nuestros amigos se encontraban inmersos en una cruzada de faldas, su nivel hormonal era tan elevado que apenas podían pensar en otra cosa que no fuese correr tras las cachas de la maciza de turno, cada cual más casquivana y aunque ninguno de los tres permaneciéramos ajenos a los efectos de la pubertad, salivar tras una desastrada no nos parecía demasiado seductor. A la vez que nuestra pandilla fructificaba al ritmo frenético de unas caderas esporádicas, Roberto, Iker y yo, lo hacíamos con la paciencia y el dolor que proporciona el saber. Tal vez por ello, el grupo dejo de serlo, discordancia de objetivos. Nosotros, sin embargo, permanecimos indisolublemente unidos, no pasamos demasiado tiempo sin vernos, no más de una semana, salvo cuando Iker se marcho a hacer el COU a Estados Unidos o cuando mi relación con Ruth desmoronaba e intentaba salvarla, cuando no me dedicaba a otra cosa que luchar contra la propia condición de la mujer sin arterias.
Iker rompió la virginidad del vaso con suma suavidad, el contacto con la espuma fue tan tenue y delicado, que parecía el primer beso de amor a una chica, sin la premura de la pasión sexual e instintiva de un ardoroso ósculo que destila alcohol y ambición. Su amante nívea y cálida, se posó entre el espesor de los distraídos filamentos que anidaban entre su nariz y sus bordes. Disfrutó tanto, que a ese primer beso le siguió otro y otro mas, repitiéndose el tan particular ritual amoroso hasta la extenuación infinita. Después, sus ojos parecieron perder interés por su amante blanca, prestándonos solicitud, tras haber permanecido expectantes ante las primeras palabras de nuestro amigo, que entendíamos no tardarían en producirse.
- Luz, Antonio, Sinvergüenza - Axial solía referirse a mi en tono cordial, incomodando a Luz, incapaz de asumir que su novio no fuese para todo el mundo el centro de atención- Me alegro de veros.
- ¡Que pasa chaval¡¿como te va la vida?- Le dije
- Mientras respiremos…
- Si, supongo que de eso se trata. —Asentí-
- Bueno Iker, ¿Que has estado haciendo últimamente? —Se intereso Luz con incuestionable intención inquisitiva-
- ¿Por qué preguntas lo que ya sabes?, de cama en cama y de puta en puta.- Se descolgó El Largo-
- Pues mira que bien…
- Antonio, con todos mis respetos, a tu novia le hace falta que juegues mas a los médicos con ella, ¿que ocurre, no te funciona el vengador calvo?
- Déjalo ya Iker —Atemperé-
- Si, debe ser eso, me lo imaginaba, el abuso de Antonio en el consumo de Reality Shows lo ha terminado por trastornar, no funciona. También puede ser debido a una excesiva masturbación en la adolescencia, sí, también puede ser por eso, pero me inclino por la falta de lectura, necesariamente el cuerpo no puede funcionar bien sin que lo haga el cerebro, ¡Ay, cuanto lo siento chicos!
- Vete a tomar por el culo…- Afirmó Antonio riéndose, tremendamente consciente del don de su amigo para vislumbrar los puntos débiles de los demás, en este caso Antonio, el de Luz, por lo que no adoptó las palabras de Iker como una agresión personal. Son situaciones como estas las que me hacen dudar de si Antonio no entiende lo que digo o le importa un pimiento, a veces es capaz de calar de tal manera a una persona que sorprende comprobar su inutilidad en entender lo más básico.
- Tal vez hayas dado con la clave, tal vez tus problemas deriven de inclinaciones frustradas y nunca asumidas. Resígnate, puede ser que seas homosexual, no hay nada malo en ello, conozco a muchos mariposones y los acepto cual son, igual que ellos a mi, a fin de cuentas solo nos, diferenciamos en nuestro agujero negro: En mi caso, es únicamente de salida y el de ellos bidireccional.
- Iker, déjalo ya…

Parece ser que llegó la sangre al río, porque Antonio y su enojada novia apenas permanecieron un cuarto de hora más con nosotros y a juzgar por sus rostros y el silencio ininterrumpido de La Hermosa, pude deducir que tenía ganas de quedarse a solas con Antonio para poder poner a parir a sus anchas a Iker. La armonía, sin duda, se rompió con la llegada del Largo, con él llegó el escándalo.

Ávido por conocer las ultimas andanzas de mi amigo El Largo, pasé por alto el rosario de preguntas típicas que se hacen a un viejo conocido cuando hace un buen tiempo no se sabe nada de el y le rogué que me pusiera al corriente de sus desventuras sin más dilación. Se sonrió ante la urgencia y empezó a referiré esas primicias: Estaba fascinado por una nueva clase de vida tan al margen de la cínica rutina. Al parecer, y según sus propias palabras, una mañana se cansó de ser un puto esclavo, tomó el volante de su Opel Corsa y condujo sin rumbo determinado. Abrumado y abrupto por sus circunstancias, comprobó con estupor que se había pasado el día entero vagando sumergido en sus propios pensamientos y que se encontraba a unos pocos kilómetros de la frontera de Galicia con Castilla- León. Como no había probado bocado desde el croissant mañanero, buscó algún figón de carretera en el que aprovisionarse para emprender el viaje de regreso. Apenas transcurridos unas diez millas desde el punto en que se encontraba, divisó el letrero de neón de un establecimiento que resulto ser una mancebía. Arrastrado por un espíritu intelectualmente intranquilo, se decidió a entrar. Su llegada ni mucho menos paso inadvertida, esos lugares no suelen ser visitados por gente tan joven y bien parecida. Pidió una cerveza y al cabo de un rato, una de las prostitutas del local se le acercó buscando entablar conversación:
- Papi, ¿Como te llamas?
- Iker.
- Yo Celeste, ¡ dame un beso, no seas arisco!. - Eso hizo-
- Y ¿qué nombre es ese- Pregunto Celeste-
- Es vasco, mi abuelo era de allí.
- ¡Ah!, ¡que bien mi amor!, dime, ¿Por qué no subimos los dos a echar un polvo, papito?
- Si… ¿Por qué no?

Así comenzó la gran aventura del Largo, lo acaecido aquella noche en el Queens, se corearía más veces en otros muchos lugares y con otras muchas mujeres. Reconozco que me quedé boquiabierto a medida que relataba sus experiencias, no porque repudiase sus actos, mas bien, porque ante mi desfilaban un sinfín de situaciones totalmente ignotas. Una vez restaurada la lucidez, lo acosé a preguntas de todo género sobre ese submundo del que era un completo iletrado. Iker, ejerciendo de Cicerone, las contestó gustoso. Unas cuantas cervezas mas tarde, las palabras se quedaron cortas y nos pusimos en camino a la casa de putas más cercana. Durante el recorrido sentí que estaba desertando a Ruth, a su recuerdo, su esencia y me sentí paradójicamente apenado.

No sé nada de Ruth: CON ELEGANCIA


A Sande, siempre amigo e inspirador.


Empezaba a tener las cosas claras, era hora de dejar de lamentar la ausencia de La Rubia, a fin de cuentas no era más que una alimaña que siquiera merecía el aire que respiraba, debía relegarla de una vez por todas o sucumbiría a la nostalgia, además, desde la inundación, había descuidado un tanto mis obligaciones, las clases en mi Facultad ya se habían iniciado, sin que por el momento contasen con mi presencia, no estaba de más acercarse por allí y ponerse al corriente de las posibles primicias en los temarios, debía permanecer atento a cualquier episodio, el personal docente acostumbraba a hacer maquiavélicas viradas de año en año respecto a los contenidos de la asignaturas y yo tenia irresueltas dos materias del curso anterior.

Ya en Santiago, pude comprobar admirado como el inmueble de Periodismo seguía ubicado en el mismo término, fantástico, ¡solo habían transcurrido tres semanas desde la visita del último espectro, aún estaba a tiempo de esquivar el fatal destino anunciado por mi viejo socio y amigo Jacob Marley!

Lo primero que hice fue acudir al tablón general para tomar buena nota de la distribución de los horarios, descubriendo que la clase de Historia estaba a punto de iniciarse, por lo que me apresuré para no llegar tarde. El profesor era todo un clásico, Don Fandiño, un abultado barbudo un tanto llano, pero sobre todo muy resuelto a la hora de hacer chistes tan evidentes como lastimeros. Solo pude dar un par de empapadas al emboquillado antes de personarse la gigantesca mole del saber en el aula. Comenzó con celeridad su soliloquio: “Señores, como decíamos ayer, Ana Bolena amenazó a Enrique VIII con que su hija Isabel regentaría un día Inglaterra y que lo haría mejor que cualquier hombre”. “Señoritas, tomen nota de este año, 1533, tienen ante ustedes a la primera feminista de la historia, je, je, je”. - Lo que decía, tendencia al chiste infernal.-

La clase de Don Fandiño fue desarrollándose en la misma línea, el vejete, a la vez que trataba de que alguna cosa se nos quedase, aspiraba a lograrlo de forma amana, consiguiendo por cabeza que los presentes no riesen con él, sino de su persona. Luego de profusas carcajadas y burlas dirigidas hacia el pobre hombre, llegó la hora de cambiar de asignatura y decidí aprovechar mi primera visita a la Universidad para firmar la primera latada con el sano objetivo de echar un vistazo en la cafetería, probando suerte a ver si encontraba a algún viejo compañero afanado en una palpitante partida de Mus, no sin antes hacer voto de no probar el café, consciente de su mala calidad. Su emboque, sin llegar a ser exquisito no resultaba desagradable al paladar, lo que aterrorizaba era sus consabido efecto drástico. A primera hora de la mañana, los arriesgados que se aventuraban a catarlo, abandonaban el perímetro con el rostro angosto y desencajado, apresurándose a aliviar la desazón intestinal como si hubieran avistado al mismísimo demontre y esto lo sé a priori y posteriori, sobre todo a posteriori.

Pedí pues, Coca-Cola, de bote, la que más agradezco, supongo que porque tiene mayor cantidad de gas que la embotellada y siempre me ha perturbado la sensación que provocan las burbujas en mi garganta hasta invocar a las lagrimas. Desde la alzaprima me puse a otear el firmamento de mesas del local, como he dicho, en busca de alguna cara familiar, hasta que acerté a ver a Ana, al tiempo que ella me reconocía entre la multitud, brotando jubilosamente ambos al encuentro. Me abrazó fuertemente, yo también me emocioné al verla.
Ana y yo nos conocimos el día del debut, en la primera clase del primer curso, y desde ese primer soplo congeniamos estupendamente. Posee un carácter similar al mío, introvertida, salvo para la gente de confianza, los menos, y un sentido pragmático que le hace cometer los errores que exclusivamente desea paladear, nunca los producidos por la ignorancia o la temeridad. Además, tiene muy presentes sus experiencias, jamás vuelve a tropezar con la misma piedra y aparte de todo lo que detallo, es una chica estupenda, ¡qué coño!: Si te quiere entrega todo cuanto posee y ante los que son extraños para ella, y te dañan, es irracionalmente maravillosa, no le perdona la vida a nadie surto en el postrero minuto.
Hacía tres meses que no nos veíamos, desde aquellos interminables Finales de Junio, antes de que se marchara a lpswich, donde cada año disfrutaba sus vacaciones a la vez que perfeccionaba el idioma sajón, imprescindible en la futura profesión, sobre todo teniendo en cuenta sus pretensiones, nada menos que lograr ser corresponsal en un país extranjero de cualquier canal de televisión que le ofertase la plaza. Como teníamos tantas cosas que compartir, se nos hizo arduo mantener un dialogo huérfanode atropellos, ya se sabe, lo que cuenta uno le recuerda otra cosa al otro, y se termina hablando de la próxima candidatura del PSOE a las Generales. Por lo que me ilustró, el pasado verano había tenido un pequeño coqueteo en Inglaterra, un tal Gary que en un principio parecía ser hombre de los ensueños de cualquier fémina, a saber, alto, bien parecido, buenos modales, teorizante pero si excederse en la ensoñación, para finalmente descolgarse siendo uno de esos idiotas que aspiran a hacer creer que lo que dicen es lo que con certeza piensan y de esa manera actúan, a la postre, uno de esos espantajos que por el hecho de poseer medio cerebro se creen que sus bosquejos son indiscutiblemente axiomáticos, dogmáticos. Claro que no fue a dar con la insulsa adecuada a la que fascinar con sus simplezas, Ana no tardó en percibir el talante del apolíneo Gary y le conminó a reunirse con Cooper, inmensurable delator durante la caza de brujas del McCarthismo. No parecía afectarse mientras relataba el chasco, por lo que no concedí demasiada importancia al infame desencuentro.
Inevitablemente, me toco el turno de réplica, y he de confesar que pese a la incontestable seguridad que tengo depositada en Ana incluso en estos días, no me seducía en aquellos momentos abordar el forzoso argumento que seria inadmisible regatear, dolía hacerlo por enésima vez, pero tras múltiples digresiones, no tuve otro remedio, al apuntarlo ella directamente.

- Bueno, ¿Qué tal con Ruth?
- Lo hemos dejado— Confesé apesadumbrado.
- Vaya… que sorpresa… ¿Y por que ha sido?
- Porque ella lo ha querido así. No puso nada de parte para que lo nuestro saliese a flote, que te voy a contar…
- Aun la quieres, ¿verdad? -
- Supongo que sí, aunque dudo si ella o a su recuerdo idealizado, a al recuerdo de los buenos momentos junto a ella.
- Mira tío, espero que no te ofendas por lo que voy a decirte, pero no me sorprende, siempre he tenido la sensación de que esa impresentable se dejaba querer y nada más, me cuesta recordarla besándote… Escúchame bien, nadie, ¿me oyes?, nadie merece la pena tanto para que alguien como tú sufra. Esa tía te ha robado la sonrisa, no seas idiota y reacciona, ya vendrá quien te sepa valorar.- En las siguientes tres horas en compañía de mi amiga no volvimos a retomar el tema La Rubia. Cuando llegó la hora de tomar el autobús en dirección La Coruña, nos instamos a volver a vernos en breve para tomar un café y continuar nuestra parrafada. Mientras todavía vislumbraba el semblante de Ana tras el vidrio, despidiéndose con una sonrisa, sus amonestaciones aturdían mi cabeza sin que pudiera evitarlo, no le faltaba razón, de hecho esa misma mañana había abandonado el hogar familiar moliendo algo parejo, pero tal vez en ello radicaba el inconveniente, continuaba pensando en Ruth, aunque proyectase arrinconarla.

No se nada de Ruth: NO SE PUEDE TAPAR EL SOL


A Fernandito. No huyas de la verdad, te hará libre.

No sabría decir que es peor, contemplar como una relación se consume inexorablemente, o padecer los efectos de una ruptura consumada. En mi caso, no tener a Ruth me enfermó más que retenerla sin recibir sus caricias. Durante las tres semanas posteriores a nuestro último encuentro apenas salí a la calle, no hallaba incentivo alguno en hacerlo, cada recoveco parecía haber atrapado su esencia y tenía la sensación de que era la única pieza de la urbe siquiera salpicada por ella. Despertaba entre lágrimas y caía en brazos del sueño agotado por los lamentos, un sinvivir hacia una muerte anhelada que tardaba en sobrevenirme.

Cada día me atormentaban los mismos fantasmas, no habría un mañana, otra sesión de cine, otra cena juntos, otro viaje, otro motel furtivo en el que amarse, otra puesta de sol... Me martirizaba tratando de encontrar explicaciones de cómo había regresado la sordidez a mi vida, de porque había perdido su cariño. Durante esos tres años me había entregado en cuerpo y alma a hacerla feliz, a suministrarle todo el cariño que podía dar, a agradecer a los cielos la fortuna concedida por enviarme un ángel. Con gran dolor, Era incapaz de asimilar su ausencia.

Sin embargo, ella nunca llegó a quererme, por pura esencia, cuando contemplaba la posibilidad de que podía enamorarse, solía expulsarlo de su lado alegando que se creía demasiado joven para afrontar una relación definitiva, estéril resultaba tratarla con pies de plomos o entregarle el aval de Shylock, no quería deternerse ante nada ni nadie, ella era lo primero, los demás, solo peones en el inmenso tablero de su vida. No fui una excepción a su defensa española.

En aras a curar el mal de amores, trataba de revisar su elenco de virtudes, vanidad, mal carácter, soberbia, excesivo orgullo, necesidad de destacar por encima de los demás...Poco o nada tenían que ver con mi forma de ser, lejos de ser malcriado y caprichoso. Pese a ello, la maldición no cesaba y seguía queriéndola, odiándome por ello. Mientras, los días se íban sucediendo y me encontraba tan hundido, desorientado, que apenas lograba recordar el infierno del último año, la larga travesía en medio del desierto de su corazón, solo Ruth, solo podía concentrarme en ella, en que por arte de magia se le ocurriese marcar mi número de teléfono, lo que jamás llegó a ocurrir, dejando claro que se encontraba mucho mejor sin mi y que el tiempo no pasa tan rápido como dicen que lo hace.

Más que por ilusión, por cansancio, decidí restaurar el equilibrio perdido, coger el toro por los cuernos, que otra cosa podía hacer, olvidar lo más rápido posible, encerrado en mi cuarto no hacía otra cosa que fumar sin parar y dejar que las horas transcurriesen sin sentido. Opté por abandonar el viciado e irrespirable aire que se concentraba entre las cuatro paredes de la improvisada celda y salir a la calle. Precisamente, Antonio me realizó una llamada, dando al traste la énesima ilusión de que al otro lado de la línea se encontrase Ruth, con quien hubiese preferido tomarme unas cervezas en lugar de con mi amigo, pero no obstante, no desperdicié la oportunidad de reemprender el vuelo, quemaríamos juntos todos los bares de la ciudad, cerraríamos todos los pubs y seguramente el último, lo abandonaríamos acompañados de dos chicas con ganas de juerga.

Me duché apresurado y tal vez por ello me empapé de perfume como un quinceañero e incluso mis huesos toparon con el suelo mientras trataba de entubarme los pantalones. Agarré la primera cazadora que tenía a mano y puse fin a mi hermetismo, quería creer que en el exterior todavía quedaban cosas que merecían la pena.

Fijamos nuestro encuentro en La Luna, una cafetería de amanerados donde se congregan los cachorros de la burguesía coruñesa. Nunca me han gustado esos ambientes, pero Antonio siempre ha tenido un ramalazo pijo que no trata de ocultar. Confundido entre las mezcolanza de colonias de esos jóvenes engominados con problemas de dicción, mi cautiverio tocaba su fin y tras unos cuantos codazos para abrirme paso entre esos extraños seres con curioso acento, alcancé a ver al fondo del local la cara de mi amigo, distorsionada por el vidrio de la jarra de cerveza que se aposentaba en la mesa que ocupaba, al tanto de mi irrupción entre esa juramenta de necios. Aproveché el paso próximo de un camarero para hacerme con otra. Por avistarme y haber sido testigo de la conversación con el chico, Toño esbozó una amplia sonrisa correspondida por otra por mi parte.

  • !Que tal pirata!- exclamó Antonio.
  • Bien...-respondí sin mucho entusiasmo.
  • Te veo bajo muchacho- Desde que el muy cretino había visto Annie Hall, había incorporado machaconamente la palabra muchacho a su vocabulario, empleándola del mismo modo que el tipo que se dirige así a Woody Allen durante todo el film, con cierta condescendencia, lo cual me sacaba de quicio.
  • ¿que te pasa muchacho?-Insistió al no darse por satisfecho con la primera respuesta-
  • La revolución ha muerto. Siempre me he creido un utopista ilimitado y la verdad nunca me he esforzado en dejar de serlo. Ahora sé que Ruth no es Anastasia pero poco importa ya, como te he dicho, la revolución ha muerto, con independencia de que ella sea una Romanov, ha caido por cuestiones más importantes que la posible descendencia del Zar Nicolás-
  • ¿Que dices?-Preguntó sorprendido mi amigo- Me encantaba martirizarlo de esta forma, contándole extravagantes sainetes que de antemano sabía no atinaría a comprender.
  • Quiero decir que, no son relevantes mis sentimientos hacia La Rubia, Ruth no quiere saber nada de mi y eso es lo importante- Me expliqué a duras penas, sin otorgar el verdadero sentido a la delirante reflexión que lo había desconcertado-.
  • Pero muchacho, ¿te das por vencido después de todo lo que habéis pasado juntos?
  • Tio, a ti que te gusta tanto Sabina, ¿no sabes que el destino es un maricón?¿Que demonios quieres que haga? Joderme y punto, sus explicaciones resultan tan pueriles y absurdas que no consigo llegar a otra conclusión... Se aburría, se aburría... Si no hubiese estado tan preocupada por estar perennemente acompañada por sus amigas íntimas no se hubiese aburrido tanto, !menudo soy yo para ir de juerga!...Solo era el segundo plato amigo mío, el pañuelo de lágrimas para los malos momentos, en los buenos, le sobraba. Es una miserable, ¿verdad? ¿te lo puedes creer? Incluso llegó a decírmelo, Christian, tú no eres una prioridad para mi, naturalmente, no me paso la vida hablando de los disparos del sábado pasado, ni fumando canutos sin parar con cuatro melenudos guarros con tanta mierda en el cabello como en el interior de su cabeza...Valores como el cariño, el amor sincero, la amistad resultaban irrelevantes frente al hachis, la farlopa o el conocer gente, !Joder, cuanto la odio!, !Es increíble que poca importancia ha dado desde siempre a la gente que la quiere de verdad! !No como a esa zorra de mierda de Lydia que se la mete doblada cuando puede! Ahora eso sí, yo tengo los peores defectos del mundo, soy irascible, un sobón, siempre estoy pensando en lo mismo, !Como si fuese demasiado dos veces al año! !Joder, cuanto daño me ha hecho esa condenada bruja!
  • Bueno...En fin...¿Has ido a ver Sommersby, la última de Richard Gere?-Así es Antonio y así hay que quererlo. Tu vida puede estar despedazándose por completo que cuando se aburre de escucharte cambia de tema a la velocidad de la luz. A veces pienso que mis inquietudes le importan un pimiento y otras, que no entiende nada de lo que le digo. No sé, insisto, hay que quererlo tal cual es, en el fondo y en la superficie, a su manera, me quiere.

Opté por introducirme en su diálogo de besugos sin más, si seguía dando rienda suelta a mi exacerbado odio por Cruella me saldría un sarpullido en la piel, además, la jarra de cerveza estaba medio vacía y consideré excesiva la proporción de tres cuartos de agua de nuestro cuerpo, pedí la segunda y una vez consumida, continuamos mi epopeya después de tanto tiempo enclaustrado, de cantina en cantina, sin que mi alma encontrase un cuerpo al que acariciar, siquiera el de los cien quilos con la que tome unas copas en el Glass.

La mañana siguiente fue de órdago a la grande, mis ojos eran incapaces de abrirse, mi cabeza amenazaba con resquebrajarse y en cualquier momento mi estómago, con estallar en erupción. Aún con todo, a eso de la una de la tarde, logré despistar a las sábanas y a duras penas, arrastrarme al cuarto de baño para expulsar lo que unas horas antes me había costado tanto dinero adquirir. Unos minutos más tarde me sentí aliviado, aunque con una honda sensación de debilidad que dificultaba mantenerme equilibrado. Horas más tarde, a no ser por un intenso dolor de cabeza, el parte físico reflejaba una notoria progresión, no así el psíquico. Lo que había pretendido enterrar la otra noche no solo seguía ahí, sangraba aún más: Ruth, la dulce Rubia que me había robado el alma, la mujer que odiaba querer... Me encontré justificando cada una de sus agresiones, las conclusiones de las que había hecho partícipe a Antonio ahora se me presentaban desde otro ángulo de visión, transformaba todas y cada una de sus maldades hasta entenderlas como vicios propios de la edad, residuos que perduraban de una adolescencia mal curada. Incluso, hallé explicaciones al fracaso en mi mismo, cuando mis actos no fueron siquiera tales, solo reacciones, simplemente reacciones... Pero de que sorprenderse, de igual forma me había comportado durante un trienio, para que negarlo, si no como lo hubiese soportado...Durante esa época la quise más que ella a mi, cualquiera que nos conociera puede aseverarlo, a nadie se le escapaba quien hacía de rey y quien de vasallo, cruel papel que me tocó desempeñar, despreciado por una reina que solo me quería cuando quería, apartándome de su lado con sus ademanes, careciendo de piedad cada vez que me pasaba su independencia por delante de mis narices...Solo fui la pérgola precisa cada vez que no se sentía bien.

Contemplarme travistiéndola de bondad y ternura me hizo reaccionar, era hora de olvidar a esa sucia puerca de ojos azules y gran hermosura, tras la que se ocultaba la hija bastarda de Belcebú.


No se nada de Ruth: DIEM PERDIDI


A Marcos, por darme la idea y por quererme.
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- No pienso seguir discutiendo un segundo más, en el último año no hemos hecho otra cosa y con franqueza, estoy harto. Con esta frase comenzamos a convertirnos en perfectos extraños, el tiempo, lejos de acercarnos, nos distanció aún más, hasta el punto que desconozco que es o ha sido de Ruth, ni me importa.
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Tras esta sentencia firme en la que tácitamente dimos por concluida la relación, el silencio nos cobijó en su gélido regazo, añadiendo la última vivencia juntos, para ambos resultaba extraño encontrarse frente al otro sin emitir término alguno, sufríamos de incontinencia verbal, hablabamos de cualquier cosa que se nos pasase por la cabeza, discutíamos frenéticamente y siquiera respetabamos las liturgias católicas, se trataba de conversar acerca de naderías o reflexionar acerca de los origenes de la vida, cualquier cosa antes que permitir al viento susurrarnos en el oido, desde luego que no falló el dialogo, para que luego digan esos psicólogos de mierda del tres al cuarto.
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El inesperado sosiego fue interrumpido por la aparición de Mónica en El Delicias, una de las innumerables amigas íntimas de La Rubia. La sonrrosada pelirroja venía a firmar el epílogo a nuestra historia de vino y rosas, su boca no cejaba de escupir palabras que en aquellos momentos para mi carecían de trascendencia, y de tenerla, tampoco me hubiera importado cualesquiera que tuviese, solo era capaz de concentrarme en esos ojos azules que un día habían sido míos y que ahora no me miraban con la pasión de antaño: Ruth se me había escapado y por si no fuera poco, la recién llegada me infringía la paliza del mancillado. Cuando abordó el recurrente tema de Ricardo, su novio acólito, un simple Kalasnikov confundido en el paraguero del bar hubiese bastado para que la emprendiese a tiros con esa chica de exageradas proporciones y de caderas improbables, que me estaba dando la murga con ese tipejo de culo estrecho y aires de marqués. Poco a poco fue llegando el resto de la banda, elevándose en consecuencia el nivel de hercios hasta hacerse insoportable el ruido, momento en el que opté por levantarme y despedirme con un simple agur, lo único que se me ocurrió antes de dejar atrás tres años de pasión, fé recuperada y nuevamente extraviada, de vivir para ver, conocer, sentir y amar a Ruth, la eterna adolescente que me racionaba sus besos y caricias, pero que me hizo encontrar más próximo a la felicidad de lo que había estado nunca. La miré esperando un milagro, nada sucedió, claro estaba que uno de los dos ya no quería al otro, y ese, no era yo.
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Conduje mi Vespino hasta la playa de Sabón, tan lejos como podía ir sin arriesgarme a vaciar el depósito de gasolina en el camino de vuelta. Al lado del arenal se erige el legañoso garito al que solía acudir junto a mis amigos durante esas desenfrenadas noches veraniegas, esas en las que nuestras ansias entraban en serio conflicto con la parquedad de nuestros bolsillos. Por el módico precio de mil pesetas, el dueño nos proporcionaba entonces setenta centrilitos de un excelente whisky llamado Mag-5 . Esa noche me vino que ni pintada una oferta tan sugerente, bebí hasta la extenuación, buscando un coma etílico que facilitase mi transición hacia al otro mundo mientras repasaba la película de nuestra vida en común, desde que nos conocimos en aquella fiesta en casa de Quique, hasta los últimos instantes en la cafetería de Cuatro Caminos, unas horas antes. Aquella maldita fiesta. Entre la mediocridad que me rodeaba, una desconocida con botas militares parecía escaparse de tanto servilismo social. Precisamente fue su calzado lo que despertó mi interés, me hizo recordar aquella historia familiar, la de mi tía política, que no se las quitaba ni para dormir en su etapa universitaria en Santiago de Compostela, haciendo gala de una educación republicana en el seno de un clan burgués de facto. Cuando ella y mi tío Luis se enamoraron, se la presentó a la parentela, desconcertando con su aspecto tan desgarbado e indolente con la estética a aquellas mentes rebosantes de prejuicios, que la habían concebido ataviada de Antonio Pernas o incluso de Gianni Versace, jamás con un poncho de varias manos comprado en el restrillo de Ciudad Juárez...Recuerdos, solo recuerdos intangibles y sediciosas ideas me desarbolaban entre vaso y vaso de agua de fuego.
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Terminado el infecto brebaje, el sol comenzó a insinuarse con sus primeros rayos y para evitarle preocupaciones a mi madre, que no a mi padre acostumbrado hace años a mis desmanes, emprendí el camino de vuelta a casa como buenamente pude, el firme no lo era tanto y La Poderosa se tambaleaba, no sin varios sustos durante el trayecto, conseguí alcanzar el hogar, vencer a la cerradura y alojarme entre las sábanas, pero al acostarme, una honda sensación de soledad me sobrevino en el no menos desguarnecido catre, que aquella madrugada ya mañana, íba a soportar uno de los lamentos más patéticos de toda mi vida, cuando el alma comenzó a dolerme como nunca lo había hecho.



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No sé nada de Ruth: PROLOGO



Ronco por la conjura del rancio Cavendish y el recio Blend , consagrado a estas bajuras como corsario indomable, y visiblemente agotado por los efectos secundarios de los números roucos, mientras su embriagada mirada se perdía oteando el horizonte senegalés de la Real, me confesaba la pasada madrugada el otro Conde, el del Athos, que cuarenta Tolstoi después recordaba a su verdugo con cierta compasión, sin atesorar rencor, aunque de tenerla a su merced, no dudaría en ajusticiar a Milady con sus propias manos, puños hipotecados por el odio en esos instantes de pesadilla despierto. Apelando al carácter del clima lo conduje a Las Viudas, y con el nimio esfuerzo de varios pinchos de queso, le arranqué una sonrisa con facilidad sumisa. Suspiré emocionado, un infierno después mi amigo estaba curado, y de Winter, probablemente bajo una manta de mármol, promocionando el Xacobeo en el báter de algún bar, o aterrorizada por los insectos que juguetean entre las sábanas de cartón de su cama cada vez que su conciencia no le permite dormir, cada noche en Insomnia sin Lord Brick.
Nunca olvidé la maleta, precaución inevitable para no emprender un viaje con billete de vuelta. Lo que no abrazaba la valija lo abandoné en el punto de salida, los recuerdos, los sinsabores y las esperanzas de retorno, porque en realidad lo que precisaba imperiosamente eran unas mudas, pasta de dientes y un cepillo con el que exhortizar el emboque amargo. Soltar lastre siempre ha sido mi fuerte, la de un nómada de catres que encontró asilo en una mujer con sangre mexicana, a la que continuo relatándole episodios de mi devenir en la Plaza Garibaldi cuando todos se han marchado a dormir ya. Sin embargo, comprendo a cierta gente que se arraiga a lo que pudo ser y no fue, caminantes que acostumbran a volver la vista atrás para admirar el sendero recorrido, emisarios del dolor que no encuentran consuelo en la jarra más grande de Jaime, los que añoran lo que nunca jamás sucedió, y no hay nostalgia peor que esa, ni antídoto ipso-fáctico al mal de amores, que como la juventud, se cura con el paso del tiempo.

NO SE NADA DE RUTH (NI ME IMPORTA): INTRODUCCION

"No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación" (Milan Kundera)
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"El amor es un estado transitorio de estupidez" (Ortega y Gasset)
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"Lo malo no es el amor, sino su incertidumbre" (Stendhal)
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"Lo único que me ha causado dolor es la traición y el abandono" (Truman Capote)
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"Solo se ama lo que no se puede poseer totalmente" (Marcel Proust)"

A la manera del entrañable Valmont, les dejo una pequeña novela que me ruboriza, escrita entre los primeros meses de 1999 y finalizada antes de morir el 2000, sin pretender otra cosa que entretenerles como lo estuve yo, en esa época en que descubrí que efectivamente, la verdad nos hace libres y por lo tanto, dichosos. Espero no arrepentirme de lo que estoy haciendo...

NOSTALGIA

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Todos nos volvemos locos alguna vez (Norman Bates)
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El tiempo transcurre inexorable, aunque cada vez que dirigimos la vista hacia al margen inferior de nuestro monitor, nos parezca que el tarado de Margaret ha manipulado el reloj haciendo uso de sus arbitrarias prerrogativas de administrador, pero no lo hace, solo se trata de una confusa sensación manipuladora producida por nuestra perentoria necesidad de pegarle un puntapié al equipo y largarnos a ver mundo, a vivir, a ser hippies, pero no se engañen amigos, en cualquier otro lugar sentiríamos lo mismo, solo nos realiza plenamente el tiempo de ocio o de estar, eso es, simplemente, de estar, lo demás, son coñas marineras o ganas de llamar la atención, porque hay quien prefiere ser temido que ignorado, aunque personalmente prefiero el queso, sobre todo ahora que he superado con nota la ITV del chollo, para envidia seguramente de todos ustedes: Admiren peluseros mis 169 de colesterol, por si lo dudaban, soy indestructible.
Bueno, iniciado el prólogo de este artículo sin sentido, procedamos al no menos descabezado nudo, a ver donde nos lleva esta irreflexión, aunque en todo caos (no, no me he equivocado), les advierto que aún están a tiempo de conectarse al feis y escribir alguna que otra chorrada, apuntarse a un grupo de admiradores de las galletas Fontaneda, o publicar un yutube de Los Toreros Muertos o Glutamato Ye-Ye, no hay nada como la nostalgia para sentirse acompañado, aunque el hecho de volver la vista atrás no debiera entenderse exclusivamente como una insensatez, de nuestras vivencias aprendemos a no repetir disparates como cambiar de barbero, de equipo de fútbol o rodar secuelas con la misma cabrona que en tiempos nos tocó los cojones en sobremanera. Remember Paris pues, pero con un pliego de condiciones, nos nos pasemos la vida catando los maravillosos (y caros) helados de la Isla de San Diego (Antonino tu sei grande, Rafaello tu sei bello), podrían acusarnos como aquel, de quedarme estancado en Calle Melancolía y que quieren que les diga, lo recomendable es dirigir toda la atención al presente, porque lo que nos depara el futuro siempre nos parecerá oscuro y estoy seguro de que no será así en todos los casos, aunque indefectiblemente, incierto, muy incierto....
En fin, pasemos al estrambote del cuento, me está entrando el sueño y a estas lineas ya no atisbo duda alguna del trastorno que ofrece este ruin sainete: Sean buenos, disfruten el tiempo del que disponen, no le hagan mucho caso a nadie y si un día les apetece cometer un exceso, no titubeen, entréguense ajenos a su conciencia a aquella debilidad que les produce temblores, la vida son dos días repletos de obligaciones, pero al final de cada uno de ellos, al llegar a sus hogares, traten de ser libres como seguramente en algún momento de su vida han llegado a ser, no dejen que nadie dicte sus pasos ni imponga su criterio, porque cuando todo toque a su fin, no tendrán autoridad alguna sobre ustedes en su propia muerte y recapitulen que, en la puta historia de la Cigarra y la Hormiga, después de andar de carallada todo el Verano, el bicho verbenas apeló al buen talante de la trabajadora y subsistió al Invierno en las mismas condiciones que el artrópodo, pese a no haber pegado ni golpe, hace falta tener cojones...

MIKI COLLINS Y PAOLA MASCIANDRI


Disculpen esta larga ausencia, como imaginarán, he tenido que volver a cumplir condena por tener tanta suerte en la vida. Una de estas noches de Viernes me volveré a plantar frente al ordenador a escribir una de esas rarezas con las que les vengo torturando desde hace más de cinco años, pero hasta que llegue el momento de volver a enfrentarme a mis fantasmas, les ruego se entretengan con esta joya que me ha dejado el añorado Miki Collins a través del correo electrónico. No les desearé que disfruten, estoy seguro de que lo harán.

DESFILADERO DE INCERTIDUMBRE


Estimados lectores, tengo el honor de transcribir un artículo de mi amigo y compañero de tabernas, Erik Pérez, "el Peich":

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El nevado suelo nos guiaba hacia un lugar desconocido. Quizás ese lugar soñado donde nuestras figuras humanas simplemente se diluían al compás de unos tacones desgastados por la vida. El dulce crujir de la escarcha acompasaba los gestos sin palabras que mutuamente liberábamos sin miedo a sentir, sin pánico a volar. Dos pieles desgastadas por el caminar arduo y tortuoso. La desconfianza era inexistente y el gélido viento nos liberaba de las ataduras y composturas de un orden establecido nunca para nosotros.
De repente, caminas descalza mientras te observo. Enigmática extraña que lanzas tus riendas con tanto tino e incerteza que no soy capaz de interpretar el gesto. Y el momento se esfuma, el calor se diluye y las llamas me confunden. Amor de estío, dominadora de los silencios rotos y las palabras entrecortadas. Tu juego es mi juego y el café se enfría mientras nos encontramos en el desfiladero de la incertidumbre; esa incertidumbre que adoramos y odiamos con tanta pasión que acaba convirtiéndose en carente de importancia. Se crea un vacío y lanzo mi jugada, tú estas por encima de todo y me abalanzo ansioso a las gélidas calles sin poder distinguir entre el norte y el sur. Mi intuición es mi fiel compañera y !por Dios que vuelvo a sentir el frío intenso y el vacío del miedo que me paraliza! Pero esta vez el viento sopla en mi favor y me guía. De repente camino firme y el desgastado alquitrán abre pequeños huecos en el corazón de la nieve y allí, al fondo se encuentra un muro de ladrillo que a fuerza de mi tesón, deja paso a un diminuto pero esperanzador agujero a través del cual la luz se hace fuerte. Y esta noche, solo por esta noche, mí alegría no es en vano y puedo descansar sabiendo que al otro lado hay algo mas, otro universo paralelo donde el existir no es una penitencia sino una bendición...


FIN AL CALVARIO



Si algo se te da bien, nunca lo hagas gratis. (El Joker)
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No añadiré más críticas a esta época del año, ríos de tinta se pueden encontrar con facilidad en la red o en los diarios denostando con justicia estas malditas fechas. El objeto de estas lineas es celebrar a voz en grito su esperado final, en unas horas el espanto habrá pasado, porque el día de Reyes, solo supone un triste epílogo a un lamentable episodio que debemos padecer todos los años, por los siglos de los siglos, mientras no pongamos remedio a esta cita irreflexiva y lamentable. Por coherencia, tampoco les desearé un feliz 2010, no entiendo esa correlación mística que los bobos pretenden encontrar entre un cambio de año y las circunstancias personales de cada uno, menuda memez. En fin, disfruten los que puedan y los que no, prontito a la cama, que los borrachos nos despertarán a primera hora del día.

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FELIZ NAVIDAD


Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
qu'es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.
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Jorge Manrique
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Extraviado el recuerdo añejo de un ron barato, he de confesar que en la isla indolente antaño hallé atractivos en Varadero, subyugado a la mentira vanidosa de una rata maniática que despreciaba los michelines del chorizo y acostumbraba, cuando no devoraba como Saturno a la manera de Goya, a fagocitar vástagos de la irreflexión o a rasear la Helios en tostadas de arrepentimiento, pero torres más altas cayeron, sobre todo ahora que corren tiempos difíciles para Babel, para los honestos y sobre todo, para los políticamente incorrectos y vehemente nobles. Solución: Insurrección, conjura, protesta o en definitiva, movimiento, transición hacia la desvinculación, o destierro de áquellos que arrimándose al madroño y al oso, profanaron las directrices de Camelot apostando por un caballo repleto de Epo, los que ahora mamonean en los móviles, feisbuk o quien sabe que señales de humo reinventadas por esos hechiceros destructores de empleo como son los informáticos... En fin, sigan permaneciendo absortos ante esta pantalla, dejando pasar de largo las cosas importantes, disfrazándose de lo que no son, abrazando a quien no aprecian y celebrando los éxitos de quienes no quieren, es Navidad.

TRES VIDAS

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Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver (Proverbio Judío).
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Desde la barrera, aconsejado por la pausa, observo detenidamente la presteza de mis congéneres en sus interpretaciones, confiando que su apremio revele algún rasgo decadente en el que basar mi tesis ni contrastable, ni susceptible de ser patentable, dada la gradual estupidez que me rodea, excepto en Córcega, pero no revelo nada nuevo. Como digo, sin ánimo de pasar a la historia por mis cavilaciones, desde mi retiro dorado descubro como el fraude forma parte de nuestras vidas, como la hipócrita sonrisa de alguna malnacida enreda a más de un casquivano, torpe e incapaz de reconocer la vileza aunque la confesión se le presente por escrito de puño y letra, firmada con sangre, adjuntando un acta genética. Tal vez, resulta preferible hacer caso omiso a la desconfianza, deambular desorientado y convencido que los que nos rodean son puros de corazón y de espíritu, que velan por nuestro bienestar y que sus acciones se encaminan a salvaguardar nuestra integridad, pero la inaceptable realidad, amén de bañarnos en libertad, nos catequiza que tenemos tres vidas, la pública, la privada y la interior, que solo nosotros conocemos inmersos en la oscuridad, mientras cometemos fechorías impronunciables.

HASTA SIEMPRE


Si he de ser sincero, nunca me he divertido trabajando (José Luis López Vázquez)


La Tasca se viste de luto con la marcha de otro grande. Descanse en paz.


Fallece José Luis López Vázquez - The most popular videos are a click away

TRAS LOS PASOS DE SANDOKAN


Writen by Miki Collins
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Era la tercera.Por causas ajenas a mi control, mis dos anteriores intentos fracasaron estrepitosamente.
Pero este sueño, que tanto tiempo había macerado en mi cabeza, tenía que cumplirse.

El primer problema fué un atasco en Dublin que casi me hace perder mi primera conexion a Munich.
Una vez en la ciudad germana, tuve que desplegar todo mi ajado encanto para conseguir que Lufthansa se dignase a dejarme formar parte del pasaje en el vuelo LH790 MUC-SIN.

Ya en la ciudad-estado de Singapur, una especie de huelga de taxis ponia en peligro mi nueva conexión,
SIN/KUL, en eltren de media noche. Gracias a un golpe de suerte, una pareja de Singapureños se acercaron a mí, y se ofrecieron a llevarme a la destartalada estación, donde mi tren saldría según el horario previsto.

Compré un ticket de primera ( en estos lares uno se lo puede permitir...) y por fin embarqué,
pensando que finalmente lo conseguiría...

Sin embargo, al llegar a la siguiente estacion, me topé con un control de la corrupta policía malaya, que hizo bajarse a todo el mundo del tren, llevando a cabo un exhaustivo control de pasaportes, además de un registro de los vagones. Mi doble nacionalidad Hispano-Irlandesa me ayudó a pasar el control y, tras una hora encerrado con el resto de los pasajeros en una sala de detención (o al menos eso me pareció a mi), regresé a mi camarote para intentar dormir el resto del trayecto.

Y por fin,el Sábado, a las 06;55 hora local llegaba al EMBARRADO CRUZE DE CAMINOS , o lo que es lo mismo, KUALA LUMPUR, capital del pais que albergó las aventuras del Tigre de Mompracem, creado por Emilio Salgari allá por el 1883.

Un sueño hecho realidad.

Seguiremos informando
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EL FUEGO Y LA PALABRA


Las prisiones se construyen con piedras de Ley; los burdeles con ladrillos de religión. (William Blake)

Vetustos pecados que reposaban en el olvido, archivados en un album extraviado, abrazado por la humedad, que ahora descubro haciendo limpieza en el cofre de los recuerdos. Aprovechemos la ocasión para exterminar aquellas pistas que complican nuestra coartada, improductivas negligencias que comprometen nuestro presente, retales de ocho milímetros que ahora nos producen sonrojo y cierta repugnancia, entregando sus restos al Departamento de reciclado no órganico: No le daremos sepultura en tierra santa, no sea que los que en paz descansan,contesten al contemplar como su sueño eterno se ve desvelado por el aroma de la porquería, de los detritus de mis más delirantes delitos. No, no le demos más vueltas, profanada la caja de Pandora, lo más adecuado es eliminar su contenido, la antorcha purificadora no enturbiará mi pacífica y feliz existencia.


24º ANIVERSARIO DEL TEMPLO


ORGULLO DE TASQUERO


FIRST WE TAKE MANHATTAN...


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ANTES DEL COMIENZO
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Ruidos confusos, claridad incierta
Otro día comienza.
Es un cuarto en penumbra
y dos cuerpos tendidos.
En mi frente me pierdo
por un llano sin nadie.
Ya las horas afilan sus navajas.
Pero a mi lado tú respiras;
entrañable y remota
fluyes y no te mueves.
Inaccesible si te pienso,
con los ojos te palpo,
te miro con las manos.
Los sueños nos separan
y la sangre nos junta:
somos un río de latidos.
Bajo tus párpados madura
la semilla del sol.
El mundo
no es real todavía,
el tiempo duda:
sólo es cierto
el calor de tu piel.
En tu respiración escucho
la marea del ser,
la sílaba olvidada del Comienzo.
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Octavio Paz
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Encontrada por fin la paz, reflexionemos sobre lo sólido, lo efectivamente trascendente y relevante, ajenos a intolerables referencias del pasado, crueles castigos innecesarios sobre los que no debemos realizar mención, ni pintadas ofensivas en las letrinas de las terminales tabernas, aniquiladas por la maldita crisis y la Ley Antitabaco o tal vez, por las depravadas maquinaciones de esos facinerosos conspiradores a los que por el momento, no he logrado adjudicarles rostro. No señores, miremos hacia las estrellas, contemplemos admirados el reflejo que nos devuelve el cristal, a ese tipo agudo al que hemos aprendido a aceptar, con sus desperfectos, virtudes y excesos de vehemencia, porque por fin, ha llegado la hora de concienciarse de que el cine es un imprescindible arte derivado de la mentira, la dama que trata de persuadirnos de que soñar nada cuesta, se reserva que la realidad arroja que si la fantasía dura más de un instante, nos arriesgamos a ser gobernados por la locura, aquella que nos priva de la lucidez prematuramente, first we take Manhattan, then we take Berlin...